Un puño en alto de la mujer audiovisual

Las mujeres están redefiniendo su rol en el campo audiovisual en todo el mundo a fuerza de luchas

Las mujeres están redefiniendo su rol en el campo audiovisual en todo el mundo a fuerza de luchas colectivas y de la mano de las estrellas.

POR ANDREA MALLIMACI (*)
@anmallimaci

Una noticia sacudió al universo audiovisual en sus altas esferas. Georgia, la segunda Hollywood, se enfrenta a un posible éxodo de casas productoras a partir de una decisión de gobierno.

Resulta que el gobernador del Estado de Georgia, Brian Kemp, decretó la ilegalidad del aborto. Se trata de la “Ley de latido” a la que adhirieron varios estados de Estados Unidos que estipula que no se puede abortar cuando es posible detectar el latido de un corazón humano, esto es, después de las seis semanas de embarazo, a diferencia de la regulación actual que lo permite hasta la semana 20. De mantenerse firme esta decisión, la nueva norma entraría en vigencia el 1 de enero de 2020.

Entre todas las voces que se alzaron en disidencia, una de ellas se llevó la mayor parte de la repercusión: las industrias del campo audiovisual decidieron elevar una amenaza pública en nombre de las trabajadoras de sus espacios. La revista Variety1 publicó en exclusiva los primeros rumores de malestar en los grandes estudios de producción. En ese artículo menciona cómo diferentes actores de la industria estaban empezando a mostrar su desacuerdo con la decisión. En la misma revista fue en donde apareció el primer gigante en levantar la voz, Netflix, que a través de sus voceros dijo que sería muy complejo llevar adelante sus proyectos en Georgia de aprobarse esta legislación debido a que los derechos de las mujeres que trabajan en las producciones de la plataforma estarían restringidos. Inmediatamente después salió Disney a sumarse al repudio de la decisión política en Georgia. Bob Iger, ejecutivo de la empresa advirtió a la agencia Reuters que “hay mucha gente que trabaja para nosotros que no querrá seguir haciéndolo y vamos a tener que prestar atención a sus deseos.” Otros gigantes como Amazon, NBC Universal, Warner Media y Sony, productores independientes, sindicatos de guionistas, empresas de locación y otros representantes de la industria se fueron uniendo a medida que pasaban los días a este repudio generalizado.

Las declaraciones de los voceros de Netflix y Disney resultan particularmente interesantes para analizar lo que pasa en Georgia, un Estado que tiene más de 16 estudios de rodaje y es escenografía de grandes super producciones audiovisuales. Su potencia se asienta sobre descuentos de hasta 30% en impuestos a la producción entre muchos otros beneficios para la radicación de casas productoras y la amplificación de un polo industrial audiovisual que es muy importante para su economía. Decimos que es particularmente importante porque, si no vemos la foto completa, corremos el riesgo de pensar que los grandes ejecutivos de empresas multinacionales de golpe se levantaron con conciencia social sobre los derechos sobre los cuerpos de las mujeres. Contrafáctico y poco riguroso, pero si pudiéramos darnos el permiso de pensar qué hubiera pasado hace cinco o diez años, tal vez podríamos sospechar que una resolución legal sobre la libertad de las mujeres no hubiera generado decisiones en las altas esferas que detentan en mayoría los varones de los grandes monstruos del audiovisual.

Alyssa Milano fue una actriz muy importante en la campaña del Me Too en Estados Unidos y también en este caso fue una de las más fuertes activistas en levantar la voz para no sólo repudiar sino instar a los productores a que dejen de rodar en ese territorio. Fue ella quien inició una campaña para que la industria se retire de Georgia y quien comenzó el llamamiento a otras estrellas para expresar repudio. Diego Batlle2, periodista argentino sobre cine y audiovisual, publicó en su cuenta de Twitter una lista de artistas y estrellas que firmaron contra la iniciativa del gobernador de Georgia en la que se pueden ver nombres como los de Mia Farrow, Natalie Portman, Christina Applegate, Alec Baldwin, Don Cheadle, Ben Stiller, y Amy Schumer, entre otros

El mismo periodista hace una reflexión que es también la que guía este análisis: “¿Todos los ejecutivos de los grandes estudios están a favor del aborto? Para analizar el fenómeno hay que empezar por entender el poder de las estrellas (sobre todo de ellas). Las actrices no van a filmar a los estados anti-aborto. Y los estudios no tienen otra que apoyarlas.” Es interesante en este punto pensar en la potencia y el efecto que tienen las figuras populares para fijar agenda, visibilizar temáticas y reforzar lucha de derechos en el mundo.

En Estados Unidos el Me Too surgió en 2017 primero como hashtag y luego como movimiento. Con esas palabras, estrellas superlativas de Hollywood y también las ignotas, las técnicas, guionistas, productoras, todas juntas, comenzaron a hablar y contar sus experiencias de abusos y acosos sexuales. Una vez más, la mayoría de estas voces hubieran sido silenciadas si no hubieran estado acompañadas por las grandes estrellas y coronadas con un gran acto performático en la entrega de los premios Oscars en la que (casi) todas las nominadas fueron vestidas de negro.

En Argentina a las mujeres populares se las ve “en la tele”. La circulación de productos masivos y populares, la construcción de identidades subjetivas, la propia forma de la opinión pública aún tiene como epicentro a la televisión, que por supuesto no está sola sino atravesada por plataformas significantes con las que, por primera vez, convive en la hegemonía del sentido. Como sea, si queremos ir a buscar a los ídolos e ídolas que construyen universos simbólicos, seguramente tendremos que ir a buscarlos allí. En este camino, si pensamos en el último desembarco del feminismo instancias masivas, necesariamente hay que buscar en las mujeres que lo impulsaron.

Marcela Ojeda es una cronista histórica de las mañanas radiales argentinas que comenzó en 2015 una movida por Twitter en la que convocaba, fundamentalmente, a las mujeres destacadas de diversos ámbitos a levantar la voz.

La respuesta fue contundente y tuvo la particularidad de ser abrazada por periodistas reconocidas que también formaban parte del ecosistema de Twitter. Menos de un mes después de ese tweet, un 3 de junio de 2015, cientos de miles de personas inundaron el centro porteño y las plazas de todo el país. Todos los canales de televisión transmitían en vivo la manifestación y en los días previos las figuras más destacadas del país se sacaron fotos con carteles levantando la consigna de la marcha “Ni una Menos”, incluso muchos y muchas de ellos y ellas con denuncias por violencia, encubrimiento o complicidad con la violencia patriarcal. Es que nadie podía quedarse afuera porque lo que ahora “estaba bien” era defender a las mujeres. Por supuesto que creer que la lucha de las mujeres y hasta incluso el concepto de Ni una Menos comenzó en ese año es directamente faltar a la verdad. Las luchas y las plazas feministas tienen decenas de años y se sostuvieron al calor de luchadoras incansables que no abandonaron cuando nadie las escuchaba. Sin embargo, esta plaza de 2015 dio inicio a un estadio de la historia argentina en la que el feminismo se volvió parte del prime time, de la mano de sus históricas protagonistas.

Algunos años después, en el debate sobre la interrupción voluntaria de embarazo con plazas llenas de niñas, jóvenes y adultas tomando las calles en función de sus luchas comienza a aparecer un grupo de actrices que toman la voz de manera colectiva y organizada y que según varias crónicas del “poroteo” de diputados fueron claves para el acercamiento de posiciones de los sectores históricos con los más conservadores. El colectivo de Actrices Argentinas, así se llaman, apareció con voz propia y convocatorias específicas como una voz organizada en el debate más relevante de los últimos años sobre las libertades de las mujeres.

Fue a fines de 2018 cuando este colectivo se convirtió en un actor determinante del audiovisual argentino cuando el 13 de diciembre convocaron a una conferencia de prensa en la que denunciaban a uno de los galanes de las novelas argentinas, Juan Darthés, por la violación de Thelma Fardín en Nicaragua, cuando ella era menor de edad. En la conferencia de prensa aparecieron al lado de Thelma actrices de las más populares del país en un acto de visibilización pública que obligó a la Industria a dejar de mirar para un costado como lo venía haciendo. En efecto, Darthés había protagonizado una de las grandes apuestas de ficción de canal 13, Simona, ocupando la pantalla en el prime time de uno de los canales más vistos de Argentina, ya con varias denuncias públicas en su haber. En la carta que leyeron ese día, las actrices dicen:

Las actrices somos ignoradas al denunciar y exponer los abusos. Se duda sistemáticamente de nuestras voces, de nuestros testimonios. En nuestro ámbito laboral se nos aísla frente a vivencias traumáticas que están naturalizadas, que llevan a veces años identificar y poner en palabras. Mientras tanto, el abusador habla, actúa y trabaja con total impunidad, y pretende hacer a la víctima responsable de su propio abuso.

En algún punto, la denuncia es la misma que las de las super estrellas del Me Too y que las trabajadoras de los grandes estudios de Georgia: llegó el momento de que la industria escuche a las mujeres que la habitan, que le dan ganancias, dinero y trabajo y que hacen de ella el sector privilegiado que es hoy. Y las herramientas también parecen ser las mismas: sumar las voces históricamente silenciadas para gritar, todas a la vez, de una vez por todas y para siempre, que acá estamos
y no nos van a volver a callar. 

1 https://variety.com/2019/biz/news/georgia-governor-abortion-law-hollywood-boycott-1203211542/ 
2 @dmbatlle
(*) Lic. en Comunicación (UBA). Maestranda en Servicios de Comunicación Audiovisual (UBA). Docentes en UCES, UBA y UNPAZ.
Pin It